Espejismo

Por mucho tiempo permanecí en la distancia observando aquel lugar, era cálido de alguna extraña manera, aunque no me dejaba ver la totalidad de su belleza, era en muchos sentidos, un espejismo. Podía ver las copas de los árboles y escuchar el ruido de los pajarillos y el correr de un río, bastaba con cerrar los ojos e imaginar el agua cristalina rodeada de flores en el centro de aquel universo, todo lo que me hacía querer caminar hasta llegar ahí, pero por más que intentaba acercarme al centro, siempre había barreras que me lo impedían, una enorme cerca de árboles secos, de ramas de espinas, de piedras lisas que no podía escalar, todos obstáculos impidiéndome el paso. Hubo ocasiones en las que creí encontrar alguna entrada, una forma de atravesar los muros, de trepar los árboles y rodear las rocas, entonces me encontraba de pie frente a un árbol frondoso y verde, y escuchaba con más fuerza el sonido del agua, podía casi sentir que la calidez estaba ahí, que podía beber del agua y recostarme sobre el suave pasto, pero al mirar alrededor, de la nada, todo se desvanecía y me daba cuenta de lo lejos que estaba de aquel lugar. A pesar de ello continué mi camino, quería, tenía que llegar al centro, encontrar el perfecto oasis que había dentro, pero por más que lo intentaba, solo lograba caminar en círculos sin llegar a ningún lado.

Cansada de rodear, cansada de la falsa calidez que me proporcionaba, decidí tomar la parte de mí que aun no se había secado como las hojas de otoño a espera de la lluvia, con las manos vacías, decidí marcharme sin mirar atrás. Después de caminar un tiempo en una nueva dirección, llegué a un lugar menos cálido, pero más real, las hojas de los árboles eran verdes, había llegado una nueva estación; me impresioné con los suaves aromas, por la frescura del aire, por las flores de colores y el manantial dulce, estaba tan sorprendida por su belleza, que decidí quedarme a disfrutarlo, estaba en el lugar perfecto, caminé un poco más sin reparar en que estaba llegando al centro, pero aquel lugar no era tan verde fresco y bello como lo era todo a su alrededor, las hojas de los árboles se pintaban de un café como en aquel otoño que dejé atrás, las flores habían perdido su aroma, solamente el agua parecía seguir intacta, cristalina, así que decidí quedarme, regué las flores marchitas y en cierto punto comenzaron a florecer, pero entre más lo regaba, menos calor recibía de sus entrañas.

Un día al despertar y beber un poco de agua, me percaté de que su sabor era diferente, miré a mi alrededor para percatarme de que el otoño no había cedido el paso, a pesar de mis esfuerzos aquel lugar se había secado por completo, sin reparar en mis pies descalzos caminé sobre hojas secas para alejarme del centro, quizá encontraría el camino de árboles verdes, alguna mariposa revoloteando al rededor; caminé sin reparo, esperando cualquier señal, caminé hasta que estaba lo suficientemente cansada y decidí sentarme en una roca para cerrar los ojos unos minutos, al despertar y mirar a mi alrededor, me di cuenta de que sólo había caminado en círculos… aquel lugar también era un espejismo.

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