Madrugadas frías

Han pasado ya algunos días desde que decidiste irte, “estoy confundido”, dijiste y encendiste el carro y te miré partir; lo siguiente fue una enorme sensación de vacío, para ser honesta no entendí lo que querías decir, habíamos estado juntos durante los últimos ¿2 años?, y lo único que podía recordar eran buenos momentos, cenas con amigos, salidas a bailar, risas, cine, caminatas bajo la luz de la luna huyendo de las miradas curiosas que nos veían besarnos bajo las estrellas… Pero tú estabas ¿Confundido?

Comienzo a preguntarme ¿Qué es lo que hice mal? Es inevitable pensar que tuve la culpa de que te fueras de mi vida, quizá cometí un error que tu no podrías perdonar, pero entre más busco menos respuestas encuentro, lo único que puedo recordar son los bonitos tiempos, desayunos en la cama, bailes a la luz de la luna, a la orilla de la playa que nos vio darnos el primer beso… Pero de las 24 horas que paso pensando en ti, tu pareces ni siquiera recordarme.

He pasado las noches en vela, los días a la espera de una llamada tuya, de un visita sorpresiva, de las flores que solías dejar a escondidas en el portón de la casa, he pasado horas escuchando que todo pasa, que el dolor se va y que de todo se aprende, pero lo único que he aprendido desde que te fuiste es que no me gustan las noches de desvelo y las madrugadas frías, cuando el desvelo es por tu causa y el frío por tu ausencia.

Autor: Ángeles LuCa

 

 

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