Fugitiva

Miro por la ventana, abajo la ciudad enciende sus luces al caer la tarde, pequeñas luces que se alejan mientras el avión alcanza la altura perfecta para emprender camino; memorias de mi primer viaje cinco años atrás vienen a mi mente, e inevitablemente me encuentro recordando el día en que decidí partir. Habían transcurrido alguna semanas desde que dejamos de vernos, ahora que lo pienso, ni siquiera sé cuál fue el motivo de nuestra discusión, la gota que derramó el vaso de una larga relación llena de problemas y sinsabores, pero me sentía tranquila, libre, por fin había decidido ser yo misma.

Lo cierto es que tomar aquel avión fue una decisión tomada por razones que nada tenían que ver contigo, porque aunque teníamos poco tiempo de habernos separado, yo te había dejado ir un año antes de aquello, cuando entendí que no estábamos destinados a estar juntos; me fui buscando nuevos horizontes, me fui para ser libre y sin embargo, a partir de ese momento me convertí en una fugitiva.

Apenas unas semanas después supe que me había convertido en la titular de los chismes de pueblo, la eterna novia, la que abandonó al hombre que lo habría dado todo por ella -si supieran-, la que se embarazó de otro o del mismo, para el caso daba igual porque la gente juzga a su antojo, me condenaron a vivir como fugitiva, como alguien que cansada de las miradas acosadoras y triste por nuestra despedida, se fue lejos para no tener que enfrentarte nunca más, como si tuviera algo que esconder, algo de lo que huir.

También te uniste a las reseñas de la fugitiva, preguntaste por mí cuando te diste cuenta que ya no caminaba por las mismas calles que conocíamos muy bien, que ya no frecuentaba los lugares en los que nos podíamos encontrar, que los amigos no mencionaban mi nombre en tu presencia. Supe que preguntaste por mí y por descuido te dijeron que me había marchado lejos, te atreviste a decir que había huido, que me fui para alejarme de ti, para cumplir la promesa de no volver a aparecer frente a ti, para no tener que lidiar con la gente preguntando por ti. Si supieras, si tan solo supieras que a mí ya me dabas igual.

Te confieso que nunca me dio miedo aceptar que te quise, ni enfrentarte después de separarnos, me fui porque quería conocer otros lugares, quería construir un mundo nuevo, no sin ti, pero sin la chica dependiente y tonta en que me convertí a la espera de que algún día pudieras darme tu amor completo.

Sí, quizá soy una fugitiva, pero no de ti, ni de la gente, ni del pasado, si no de la zona de confort en la que mi vida se había convertido a tu lado, fugitiva de la comodidad de un amor en desamor, de una vida llena de decepciones, y ¿Sabes algo? Más que fugitiva, soy una mujer libre, un pétalo al viento, una hoja en blanco escribiendo su propia historia, no libre de ti, si no de la yo que fui antes de partir.

 

 

4 comentarios sobre “Fugitiva

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  1. A veces quien se queda es el verdadero fugitivo al carecer de vida propia (más pendiente del que dirán y de las apariencias) necesitando esa jaula de comodidad y arropado por otros como él. Una persona sin sueños propios es fugitiva de si misma.

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