María y Abel

Ellos eran una linda pareja, se conocieron durante el colegio, cuando ella era aún una niña y él estaba centrado en las metas que quería lograr, quizá no fue amor a primera vista, lo cierto es que se convirtieron en amigos y pronto comenzaron una relación.

María y Abel pasaron muchos años de su vida juntos, siempre se les veía contentos y se sabía que tenían muchos planes a futuro. Cada día se les veía pasear juntos por las calles de aquel pequeño pueblo alejado de la ciudad, cada día se les veía felices, por eso a todos se les fue de raro ver a Abel sentado en la estación del tren con una mujer citadina de falda corta y tacones altos. No fue difícil adivinar el estatus de su relación, sonreían y se tomaban de la mano cual feliz pareja, cada día desde el mes de Abril ellos se encontraban en esa misma estación, frente al reloj marrón.

La gente del pueblo que lo vio crecer junto a María, lo había encontrado siempre esperando en el mismo lugar a aquella mujer, de la cual él sin saber en que momento se había enamorado, la misma gente que lo encontraba llegaba de nuevo al pueblo a verlo visitar a María, que ingenua esperaba siempre el momento de verlo, le preparaba la cena en casa de sus padres y le recibía con un tierno beso, las cosas parecían no haber cambiado y sin embargo, era claro que ya nada era igual.

Abel sabía que la gente conocía su secreto y cada día le era más difícil mirarla a los ojos por temor a ser descubierto, por eso la visitaba cada vez con menor frecuencia, por eso se enfadaba con ella sin motivo y se marchaba lo antes posible.

Pasaron unos meses más cuando aquella mujer le dijo a Abel que esperaba un hijo suyo, él confundido, emocionado y al mismo tiempo trastornado salió corriendo de aquel lugar y regresó a su pueblo, era un día lluvioso, llegó casi sin aire a ver a María, quien preocupada le ofreció una toalla, le secó las ropas y le besó el rostro húmedo, pero en el fondo de su corazón sabía que era el momento de decir adiós.

-Te amo- dijo ella, y con los ojos llenos de lágrimas él respondió que no merecía ese amor.

-Si mereces o no mi amor, no lo sé, solo se lo que siento en el fondo de mi corazón, decidí que a ti te entregaría ese amor y no me arrepiento, el amor que yo te tengo es algo que con tus palabras no podrás cambiar, por eso te pido que te vayas por favor, por que te amo y quiero que el amor que te tengo se mantenga limpio; y si en el futuro te olvido o no, tampoco lo sé, solo sé que por esta hora me quedaré sentada aquí, amando al que fuera mi primer amor, solo por esta hora…mañana tal vez te olvide, como tu olvidaste la promesa de quererme solo a mí.

María cumplió su promesa, lo dejó ir sin preguntarle nada más, porque ella ya sabía todo, lo supo cuando sintió su mirada cambiar, lo supo cuando sus besos eran fríos. Abel se fue con los ojos llenos de lágrimas.

Ha transcurrido un año desde entonces… y ¿Quién sabe? Quizá ahora es feliz.

 

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