3 para una historia (Parte final)

Mujer 1 Sandra

Han pasado 3 meses desde aquella noche en la que tomé la decisión más egoísta de mi vida, le pedí que se quedara esa noche, después lo dejaría con alguna excusa. Aún recuerdo nuestras palabras.

– Detén el auto –le dije luego de 15 minutos.

– No, gracias.

– Detén el auto, te he dicho –insistí mientras una lágrima recorría mi mejilla, pero el cogió la carretera que nos llevaba fuera de la ciudad.

– Y yo te he dicho que no –dijo firmemente.

Prendió la radio con aquella canción que se escuchaba cuando decidimos iniciar nuestra relación, ahí mismo, a las afueras de la ciudad. Sabía que no tenía caso luchar, no iba a bajarme a mitad de la carretera en plena noche. Mi corazón latía como siempre que estaba a su lado, rápido, frenético, me había convencido a mí misma de que él no era el hombre que quería en mi vida, porque no fue lo suficientemente valiente para mí, porque no quería a un hombre “confundido”, alguien que un día decía “te quiero” y al otro día se iba con otra. Pero en ese momento no podía dejar de aferrarme a él, no quería.

Treinta minutos después se estacionó en nuestro lugar favorito, me obligó a bajar del carro y me miró de frente, me dijo todo lo que antes no tuvo el valor de decirme, lo que pasó aquella noche lluviosa cuando al salir del edificio, él abrazaba a otra mujer para luego hacerla subir al carro. Esa noche en que después de verlos, corrí hacia un taxi con destino a un bar e ignoré todas sus llamadas. Ese día en que después de beber llegué a casa y ahí, afuera de mi departamento y bajo la lluvia incesante, le grité que se fuera, que no quería verlo más, él con la cabeza agachada, callado, como un cobarde, eso fue lo que creí. Pero al escucharlo contarme la verdad, todo terminó, los muros se derrumbaron y mis lágrimas salieron presurosas.

 

É

La tomé de la mano y caminamos hacia adelante un par de metros quizá, me detuve y la contemplé durante algunos minutos, su mirada fría y orgullosa se fue transformando lentamente, esa mujer me quería, lo supe siempre, fui yo quien la alejó por no ser valiente y aferrarme a ella, pero ese día me aferré, no tenía tiempo para reproches, ya todo estaba olvidado.

– Me ha costado todos estos meses entender las cosas, sé que fui un estúpido, un cobarde, no supe acercarme a ti ni entender que tenías miedo de que te dejara sola y al final eso fue lo que hice. Pero esta vez no, esta vez me aferraré a ti, no importa si dices que no me quieres, no te lo creo. Te quiero.

– Yo a ti no –Mintió, aún llena de miedos.

– Lo sé, ya te he dicho que no te creo.

– Ese no es mi problema.

– Bueno, pues solo te aviso que de ahora en adelante estaré a tu lado, no me importa cuántas veces me digas que me vaya, no me importa si me dices que no me quieres, ese cuento ya me lo sé, tus excusas y pretextos para mantenerte al margen de cualquier sentimiento. Pero sé que me quieres como yo te quiero, y que este tiempo ha sido igual de difícil para ti como lo ha sido para mí. Deja de luchar contigo misma, sé que lo que hiciste hoy fue por impulso, por vengarte incluso, pero eso lo haces porque me quieres. Ahora me escucharás.

Le conté cómo cuando la visitaba vi a aquel hombre humillar a Tali tantas veces, cómo aquel día esa chica corrió a mis brazos para protegerse de él y yo sin poder negarle mi ayuda la abracé y la acompañé al carro para resguardarse de la lluvia y de él. Le conté lo difícil que fueron esas horas sin saber de ella hasta que llegó a casa, y cómo el temor de no contarle una historia que no era mía me hizo callar sin saber qué hacer; y que fue con el paso del tiempo que nos hicimos cercanos. Le conté y ella por primera vez me escuchó. Y entonces, fue todo, sus lágrimas resbalaron, todo el llanto contenido desde el día que terminamos.

 

Mujer 2 Tali

Dos días después me llamó por teléfono y quedamos de vernos para tomar un café, debo aceptar que aún estaba molesta, pero ¡Joder!, sabía que había sido mi culpa en primer lugar, me acerqué a él por accidente y continué a su lado por error. Nos sentamos en la mesa de la cafetería en silencio, hasta que él se animó a hablar.

– Lo siento –susurró– intenté darte mi corazón por todas las atenciones que tuviste conmigo, pero es difícil dejar de querer a la persona con quien has compartido tus últimos años, los mejores momentos. Sé que fui un cobarde, en primer lugar no debí dejarla ir con aquellos malos entendidos, en segundo lugar, debí ser más sensato contigo, pero ahora quiero hacer las cosas bien.

– Lo sé –dije conociendo mis errores, era tiempo de aceptar las cosas– al final fui yo quien estaba de más entre ustedes desde un inicio. Te había visto tantas veces con ella que te idealicé, y cuando vi la oportunidad corrí a tus brazos aquella noche en que mi ex novio vino a buscarme con sus pretextos y mentiras. Te agradezco mucho que me dejaras fingir que estábamos juntos delante de él. Debí agradecerte e irme cuando él se fue, pero permití que me cubrieras de la lluvia y me dejaras subir a tu coche sin siquiera conocerme, permití que las cosas con ella se confundieran en lugar de aclararle que solo estabas ayudándome esa noche, como a un gato perdido. Dejé que nos viera actuar una escena para mi ex novio. Lo siento mucho –dije sollozando–  me quedé en tu vida porque me hacías sentir segura, me quedé en tu vida aun cuando sabía que aún la querías.

– No es tu culpa, no debí permitir que las cosas continuaran. Quería decirte que mi amistad fue honesta y que lamento que todo esto haya ocurrido, pero me ha dado gusto haberte conocido.

Fue todo, nos despedimos como dos buenos amigos y aunque han pasado algunos meses desde entonces, aún lo recuerdo con un corazón agradecido por el tiempo que compartimos. A ella, bueno, aún la detesto, aunque sé que no es su culpa, no puedo evitar sentir celos, así que sigo evitando encuentros incómodos.

 

Mujer 1 Sandra

Me contó cómo fue que la conoció, y por qué decidió estar a su lado un tiempo, pensé que seguía siendo el mismo imbécil que creí aquella noche lluviosa, en cambio, después de aclarar las cosas conmigo la buscó para disculparse, como haría un hombre de verdad, le pidió perdón por no haber podido dejar de quererme. Desde entonces se quedó en mi vida, sin miedos, sin confusiones, sin reproches, solo él y yo; mis impulsivos actos lo trajeron de nuevo a mí, dejé ir los miedos y me quedé, para verlo convertirse en el hombre que yo quería en mi vida.

FIN 

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