La última rosa

Recostada sobre el pasto mirando al cielo, Sirenia hacía un recuento de sus mañanas de sábado en las últimas semanas, mientras sostenía un papel en su mano, un papel blanco y arrugado por las tantas veces que lo había leído aquella mañana.

Era de madrugada cuando llegó a casa después de la fiesta semanas atrás, la calle estaba oscura y el foco del patio había elegido ese día para fundirse, así que en la oscuridad apenas consiguió meter la llave en la cerradura del candado del portón negro mientras sostenía torpemente su bolsa con la otra mano; al intentar abrir la puerta algo punzante se clavó en su dedo haciéndola retirar la mano al instante y provocando que ese objeto hiriente cayera al suelo.

Después de un par de maldiciones, sacó el celular para alumbrar un poco la penumbra y encontrar a la culpable del dedo sangrante.

“Debí suponerlo”, pensó. Era el quinto sábado consecutivo en el que recibía una rosa, una sola rosa, sin notas, sin dedicatorias, sin nada más que espinas aferradas a su largo tallo verde; entró a casa y la colocó en el florero azul, tenía el tamaño perfecto para colocar solamente una flor, lo había comprado el tercer sábado que recibió semejante obsequio; a falta de florero las primeras dos rosas habían sido delegadas a botellas de plástico nada elegantes, y que no hacían honor a la belleza de las flores.

Transcurrieron ocho fines de semana más después de aquella madrugada, cada sábado al amanecer encontraba una rosa colocada minuciosamente en el portal. A menudo se preguntaba quién se tomaría tantas molestias por ella, a veces imaginaba que quizá se habían equivocado de domicilio y eran rosas perdidas, no importaba, igual las colocaba en el florero.

Así habían sido sus mañanas de sábado, hasta ese día, que al despertar encontró la primera nota… junto a la última rosa:

Sire: 

Durante las últimas semanas me he despedido de ti de a poco, sé que ha pasado mucho tiempo desde que dejamos de vernos, pero aún así quería confortarte de alguna manera, en la distancia y en silencio, espero que cada una de las rosas lo haya hecho por mí. Una rosa por cada mes que pasamos juntos, es mi forma de decir que aún te extraño, que te pienso cada día, que te sueño cada noche arrepentido de haberte alejado de mí, de no ser lo suficientemente fuerte para los dos. Una espina por cada equivocación que me hizo alejarte, aunque estoy seguro de que aún podría seguir contando… nunca dije perdón, nunca escuchaste un lo siento, por mi orgullo, mi maldito orgullo.

Sé que te lastimé, es lo que menos quería hacer, terminé alejándote de mí y cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde, lo siento, en verdad lo siento. Y como estoy seguro de que no quieres verme más en tu vida, que el final llegó para nosotros, te regalo una última rosa para despedirme de ti, es mi forma de dejarte ir, de hacerte saber que eres libre de mi pensamiento, de mis sueños, de este amor que llamaron enfermo… si algún día me perdonas, sepas que te quise, aunque no supe quererte.

Con Cariño, Carlos.

Pd. A veces me pregunto si también piensas en mí, si alguna vez me recuerdas…

 

Sirenia escribió un mensaje que nunca envió, quizá porque cuando quiso hablar sus palabras no fueron escuchadas, y sabiendo que de cualquier manera, él nunca la entendía.

“Sí, pienso en ti… a menudo me pregunto si estás bien, si has comido, si duermes o como yo sufres de la enfermedad llamada insomnio… sí, pienso en ti, a menudo sonrío al recordar tus bromas y suelo sentirme triste si miro a mi lado y no estás… Claro que pienso en ti… pero hoy, más que nunca, pienso en mí.”

Dejó la rosa en el florero (sin agua) durante algunas semanas, tiempo suficiente para  dejar ir los recuerdos de él… mientras su cariño se marchitó como aquella última rosa.

 

D.R. ©  Ángeles LuCa

 

 

11 comentarios sobre “La última rosa

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    1. No lo había visto de esa manera jeje, pero puede que tengas razón, a veces uno no sabe qué tanto detesta a alguien hasta que tiene que enfrentarlo. Gracias como siempre, por leer 🙂 y comentar, a menudo me haces mirar las cosas desde otras perspectivas, eso enriquece. Un abrazo 🙂

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      1. Y yo me alegro que lo veas así, no es una crítica al relato, es una opinión sobre su personaje. Seguramente tenga motivos, la forma de actuar, indica que sus sentimientos tampco eran los ideales, venganza y rencor no son compatibles con amor.

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